Alrededor del 70% de los gastos está relacionado con los empleados y el 80% de estos no está comprometido con su trabajo. Por lo tanto la mayoría de los empleados son un gasto o un activo de bajo rendimiento.
La gestión del rendimiento vinculado a objetivos de la organización puede mejorar esta situación y aumentar los ingresos y beneficios. Se necesita tener claras las metas de la empresa, en cascada de arriba hacia abajo y con estricta ejecución de los objetivos. Hacer a las personas responsables de su contribución, darles dirección y críticas constructivas y hacerlos comprender su valor. Entonces la productividad y moral mejora.
Ademas hay que motivar la innovación, la integridad, el compromiso, la moral y un largo etcétera.
Casi siempre esta en manos del jefe el que un empleado sea un activo. Si este tiene altas expectativas, nutre, capacita y ayuda a motivar al empleado, a continuación, se convierten en un activo. Eso es el liderazgo.
Cada empleado debería ser un activo si esta en el lugar correcto, en el momento adecuado y bien capacitado.
Las características de los empleados que son activos: auto-motivación, confianza, pro-activo, requiere menos supervisión, añade valor a la organización.
Muchas veces estos empleados terminan saliendo de la organización porque esta no fue capaz de proporcionar los recursos necesarios al ritmo que dichos empleados lo requieren. Esta perdida la resiente la organización en perdida de ingresos, credibilidad, clientes, eficiencia o liderazgo. Lamentablemente en este caso no se puede tener una copia de seguridad.











