Este café es comercializado en Holanda pero es comprado en países en desarrollo. Se enorgullece de llevar el sello que lo certifica como producto ecológico ante la Unión Europea. Lo cual significa que su producción es orgánica que garantiza ser respetuoso con el medio ambiente, proteger la biodiversidad y el ecosistema y no emplear fertilizantes ni productos químicos sintéticos.
Lleva también la etiqueta Max Havelaarde que garantiza que los productos o materias primas fueron comercializadas en condiciones de comercio justo y han sido compradas a cooperativas de pequeños agricultores y trabajadores de las plantaciones en los países en desarrollo.
No contento con esto también su empaque lleva el certificado de material biodegradable de origen vegetal que permite ser lanzado con los residuos orgánicos.
Ante tal cantidad de garantías ecológicas su imagen no podía ser otra. Un café que se muestra sensible por fuera y por dentro. Crear conciencia del origen del café es un buen homenaje para aquellos que se les olvida que detrás de una buena taza de café hay muchas manos que han participado en todo el proceso.
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