La medida fue anunciada en el Boletín Oficial. “Está en consonancia con las agencias regulatorias más exigentes del mundo, como la de Estados Unidos, Europa, Brasil o Canadá”, consideró Matías De Nicola, director del Instituto Nacional de Alimentos.
Según De Nicola, “la mayoría de las empresas fueron adecuando la composición de estos productos y en el mercado ya hay muchas mamaderas fabricadas con polipropileno, en lugar de policarbonato”. El polipropileno fue reemplazando el uso del policarbonato en mamaderas, ya que este plástico no contiene al bisfenol A.
Según evidencia científica, cuando estos materiales se calientan en determinadas condiciones, existe el riesgo de que pequeñas cantidades de BPA se desprendan de los recipientes que contienen alimentos y bebidas, pasando a estos productos, y pudiendo ser ingeridas.
“Está bien que se haya prohibido a las mamaderas con bisfenol A, aunque sea una medida tardía para la Argentina. Ya en 2005, teníamos evidencia científica que demostraba que podía ser perjudicial para la salud humana, especialmente para los bebés”, opinó Enrique Luque, profesor de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas, de la Universidad Nacional del Litoral, e investigador principal del Conicet.
“Nuestros trabajos fueron tomados en cuenta cuando en los Estados Unidos y en Europa se prohibieron las mamaderas. En cambio, la autoridad sanitaria argentina esperó a que legislen otros países”.
Luque advirtió que el problema del bisfenol A no se resuelve con la prohibición de las mamaderas. “Está también presente en pinturas de las latas de conserva, en la tinta de los tickets de comercios, y en sellantes odontólogicos. Por lo cual, las embarazadas deberían evitar estar en contacto con esos productos para no transferirles el bisfenol A a sus hijos a través de la placenta”.
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