El estudio, realizado con la participación de 47.000 sujetos, se ha publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
La investigación ha detectado dos variantes del gen, una de ella tres veces más común en la población. Las personas con la versión menos frecuente del gen consumen por término medio un 5% menos de alcohol.
Según los científicos, el gen es más activo en zonas del cerebro vinculadas a los mecanismos fisiológicos de recompensa, por lo que podría jugar un papel importante a la hora de regular el refuerzo positivo que sentimos cuando ingerimos bebidas alcohólicas.
Los investigadores han comprobado que este mismo gen tiene una función similar en ratones y en moscas de la fruta.
Entendiendo las bases biológicas y genéticas del consumo de alcohol, los investigadores esperan “desarrollar terapias y tratamientos preventivos para combatir el alcoholismo”.
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