La revista Cell ha publicado este jueves en su edición digital un artículo que describe la existencia en adultos de una clase distinta de grasa buena, que también tiene la facultad de quemar calorías como la parda, bautizada como grasa beige.
Y que cuenta con una importante ventaja respecto a su hermana, la grasa parda. Se puede inducir su actividad de forma más sencilla, por lo que tiene mucho mayor interés como objetivo terapéutico para combatir la obesidad.
La actividad investigadora en torno a la grasa parda o marrón está en plena ebullición desde que se describiera en 2009 su presencia en personas adultas. Hasta entonces se consideraba que este tejido lo tenían solo los bebés para mantener la temperatura corporal.
El hecho de que se encontrara en etapas más avanzadas del desarrollo, en la edad adulta, abre las puertas a su uso para combatir la obesidad y disparaba su atractivo entre científicos y laboratorios. Pero para ello faltaba describir —primero— y saber usar a voluntad —después—, los mecanismos por los que la grasa parda se activa y consume los depósitos de grasa blanca.
La nueva grasa es "beige"
El estudio que recoge Cell sostiene que, en realidad, lo que se halló en 2009 en adultos por tres grupos de investigadores no era la grasa parda de los recién nacidos sino otra, la beige. Para ello, ha recurrido a comparar los perfiles genéticos de ambos tejidos, y ha llegado a la conclusión de que son distintos.
Los dos tipos de células grasas tienen la facultad de quemar reservas de lípidos y cuentan con una presencia abundante de mitocondrias los orgánulos que aportan energía a la célula y que dan el tono pardo a este tejido.
Además, existe otra diferencia fundamental. Los bebés nacen con esta grasa buena (la parda), mientras que en adultos, la aparición de la grasa beige se puede inducir.
En este aspecto reside la importancia para el uso clínico del nuevo tejido descubierto: reacciona con relativa facilidad a determinados estímulos como el frío o algunas hormonas (por ejemplo la irisina), que incrementan la expresión de termogenina, poniendo en marcha el motor celular del consumo de calorías. Y todo ello con una efectividad similar al de la grasa parda de los bebés, según destaca el estudio.
Activar las propiedades adelgazantes mediante la exposición al frío no parece una opción razonable. Por eso, las miradas se dirigen hacia las hormonas sobre las que existe evidencia de que despiertan la actividad adelgazante de la grasa beige.
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