En un evento paralelo a las jornadas gastronómicas de Madrid Fusión, el acto Alimentación conCiencia, organizado por El ser creativo, habló de la relación entre la dieta y la mente.
Según el científico los niveles de glucosa que tenemos afectan al cociente intelectual. Las grasas que se consumen influyen en el estado emocional y cuando faltan aparece la depresión y la ansiedad. Cuando faltan minerales como el manganeso o el zinc y las vitaminas se afecta a la memoria y a la capacidad de aprendizaje.
Una dieta equilibrada
El cerebro necesita estabilidad. Lo que no interesa para un buen funcionamiento cerebral son los picos de glucosa. Hay que reducir al mínimo el consumo de hidratos de carbono procesados. El combustible deben ser los hidratos de carbono complejos, que proceden de los vegetales y de las frutas con bajo índice glucémico, que tardan tiempo en transformar la fructosa.
Además necesitamos carne, huevos y leche. También debemos consumir mucho más pescado, del tipo de sardinas, arenques, boquerones, salmón y atún. También son preferibles los granos integrales a los procesados, que además de almidón tienen vitaminas, minerales y fibra.
El doctor asegura que una dieta equilibrada puede incluso ser curatica ya que hay personas que han mejorado de una depresión mucho más regulando su alimentación que con antidepresivos.
Consumir vitaminas, reír y hacer ejercicio
Alonso Puig recomienda tomar complementos vitamínicos y minerales a todo el mundo y que se tomen todos los días. Los suelos son mucho más pobres y no podemos considerar que nuestra dieta hoy es suficiente para cubrir las necesidades del tejido cerebral.
Conversar de cosas que generen ilusión. Reírse ya que tiene un efecto sobre los neurotransmisores. El ejercicio físico, que mejorar las conexiones entre las neuronas y el ánimo. Y, en último lugar, la meditación, el silencio por el que una persona consigue parar los pensamientos perturbadores.
Mente positiva en cuerpo positivo
Un estudio de la Universidad de Harvard dice que el 60% de las consultas a los médicos tienen alguna relación con las aflicciones, por lo tanto, un estado de ánimo bajo afecta a la salud.
También se sabe que cuando una persona cae en un estado de frustración y de desesperanza hay cambios muy profundos en el comportamiento cerebral, y la zona prefrontal recibe menos sangre, lo que afecta a la hora de tomar decisiones, de aprender deprisa y adaptarse a nuevos entornos.
El desanimo no da nada y quita mucho.
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