El estudio sugiere que ver alimentos ricos en grasa mientras se bebe un refresco azucarado activa los centros del apetito y recompensa del cerebro, lo cual puede contribuir al desarrollo de la obesidad y repercute seriamente sobre la salud pública.
Reacciones diferentes frente a distintos estímulos
En su estudio los investigadores utilizaron la imagen por resonancia magnética funcional (IRMf) para medir las respuestas cerebrales de trece mujeres obesas hispanas de entre 15 y 25 años.
Los investigadores decidieron trabajar con mujeres porque estudios anteriores habían demostrado que éstas son más sensibles a las señales relacionadas con estímulos alimenticios.
El alto riesgo tanto de obesidad como de diabetes tipo 2 entre la comunidad hispana explica por qué el grupo de estudio se limitó solamente a mujeres pertenecientes a este segmento demográfico.
Las respuestas de los cerebros de las mujeres fueron escaneadas dos veces después de que éstas vieron las imágenes de alimentos de contenido calórico tanto alto como bajo.
Una vez las mujeres vieron las imágenes de ambos tipos de alimentos calificaron en una escala de 1 a 10 el apetito y el deseo de consumirlos.
Durante el experimento las mujeres bebieron 50 gramos de glucosa, que equivalen a una lata de un refresco azucarado.
En otro momento las mujeres bebieron 50 gramos de fructosa.
Los investigadores llegaron a la conclusión de que las áreas de recompensa del cerebro de las mujeres se activaron después de ver las imágenes de los alimentos ricos en calorías.
La ingesta tanto de glucosa como de fructosa incrementó el apetito y el deseo de consumir los alimentos ricos en calorías que se exhibían en las imágenes.
La investigadora Kathleen Page señaló que el estudio de su equipo buscaba entender la manera como el cerebro responde a algunos estímulos alimenticios y el incremento de las ganas de consumir ciertos alimentos como consecuencia de éstos.





















