El fraude alimentario es un concepto genérico que abarca desde la adulteración deliberada de los ingredientes, la manipulación o tergiversación de los envases, hasta las declaraciones falsas o engañosas hechas acerca de las características o los beneficios de un producto realizados siempre con ánimo de lucro.
Sin embargo, la adición, sustitución, alteración o falsificación de los ingredientes representa el mayor riesgo de todas las otras amenazas debido al impacto negativo en la salud pública y en la confianza del consumidor en la industria alimentaria.
Según el análisis de la base de datos publicado en el Journal of Food Science los siete productos con más probabilidades de ser blanco de fraude alimentario son:
- Aceite de oliva,
- Leche,
- Miel,
- Azafrán,
- Jugo de naranja,
- Café
- Jugo de manzana
El aceite de oliva es adulterado con frecuencia con aceite de avellanas o cacahuetes, que son inicuos para la salud de los consumidores, sin embargo el tetraóxido de plomo o el cromato de plomo que son usados para adulterar el azafrán son altamente tóxicos.
Fraudes comunes, riesgos letales
El fraude alimentario que involucra ingredientes o aditivos es el más frecuente con un 95% de los registros en la base de datos y representa retos únicos a la seguridad alimentaria por dos características:
- Dificultad de detección: Las sustancias empleadas en los fraudes son poco convencionales y están diseñadas para evitar la detección en los análisis rutinarios.
- Complejidad logística: Las sustancias entran en diferentes puntos de la cadena de suministro ya sea como materia prima o como producto en una cadena de valor que ya es global.
El fraude alimentario representa un enorme reto para la industria dada su complejidad, por eso los investigadores también analizaron los tipos de métodos de detección analíticos utilizados para descubrir el fraude.
Previniendo fraudes hoy y en el futuro
La base de datos proporciona información que puede ser útil en la evaluación de los riesgos actuales y emergentes ya que además de proporcionar una comprensión básica de la vulnerabilidad de los componentes individuales, ofrece información sobre adulterantes potenciales que podrían volver a aparecer en la cadena de suministro.
Por ejemplo, en el caso de la melamina utilizada para falsificar el nivel de contenido de proteína en los alimentos, los registros en la base de datos se remontan a 1979, pero no es hasta 2007 cuando comienza a causar polémica al ser encontrada en comida para mascotas.
Un año más tarde, en 2008, la melamina fue encontrada en leche en polvo y fórmulas lácteas para niños y causó miles de casoso de intoxicación, cientos de ellos letales.
Para los autores de la investigación si esta información hubiese estado disponible antes de los casos de 2007 y 2008, las autoridades sanitarias habrían podido identificar los riesgos y anticiparse a estas posibilidades de adulteración.
Pero también esta información también podría haber estimulado la investigación dirigida a desarrollar nuevos métodos para medir el contenido de proteína, o detectar la melamina u otras sustancias, un esfuerzo que sólo recientemente ha ganado un interés sustancial
Se puede consultar más información sobre éste y otros casos en la página de la USP Food Fraud Database.
- Sección: Ingredientes
- Tópico: Compliance
- Etiquetas: Melamina, USP Pharmacopeial Convention, Fraude Alimentario




















