El grupo de la Universidad de Valencia, que dirige la doctora Dolores Corella, acaba de demostrar que la predisposición genética a ser obeso se contrarresta por el nivel de estudios de grado superior.
Así, personas sin estudios universitarios que en su genoma tengan una mutación denominada rs9929609 en el gen FTO, considerado actualmente el gen más importante en obesidad común, presentarán un exceso de peso y un mayor Índice de Masa Corporal (IMC) que las personas del mismo nivel de estudios, pero sin la mutación en el gen de la obesidad.
El trabajo, que cuenta con la colaboración de otro grupo del CIBERobn liderado desde el Hospital Clinic de Barcelona por el Dr. Ramón Estruch, o, entre otros, de primeras figuras en materia de genética y obesidad, como el Dr. José María Ordovás, se publica en el número de agosto de la prestigiosa revista científica “Nutrition, Metabolism & Cardiovascular Diseases”.
Estamos ante un claro ejemplo de cómo factores ambientales pueden modular el riesgo genético a padecer enfermedades. Se trata de una variable compleja en la que se combinan dieta, ejercicio, actividad laboral, actividades de ocio y el estilo de vida en su conjunto.
“Es la primera vez que se demuestra esta interacción y, por los resultados obtenidos, nos lleva a pensar que los estudios universitarios actuarían como catalizadores de la promoción de la salud y conferirían poder para tomar las decisiones más saludables, en este caso contrarrestando su mayor riesgo genético de obesidad”, explica la Dra. Corella.
Sujetos y diseño del estudio
De acuerdo con el objetivo del análisis, se incluyeron en el trabajo sujetos caucásicos
de tres muestras independientes de la Comunidad Valenciana: 1.580 sujetos de la
población general, 203 pacientes hospitalizados con obesidad severa y 1.020 sujetos
de la tercera edad con riesgo cardiovascular alto. Todos los participantes dieron su
consentimiento informado y el comité de ética de la Universidad de Valencia autorizó
los estudios.
El peso y la altura se midieron de forma directa y el nivel educativo y la actividad física, a través de cuestionarios. Los individuos de la muestra de población general (757 hombres y 823 mujeres) tenían edades entre los 18 y los 70 años, gozaban, aparentemente, de buena salud, no guardaban relación entre sí y fueron reclutados entre el 2000 y el 2006.
La segunda muestra, con cuadros clínicos de obesidad severa, se compuso de 37 hombres y 166 mujeres con edades comprendidas entre los 18 y 68 años, remitidos por la Unidad de Endocrinología del Hospital General Universitario de Valencia desde el 2001 hasta el 2003.
Por último, en el grupo de personas de la tercera edad, con presencia de factores de riesgo cardiovascular, se incluyeron 325 hombres y 582 mujeres que habían participado previamente (2003-2008) en el estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea).
La educación lucha contra la tendencia genética
Según apunta la investigadora del CIBERobn, “las personas con estudios de grado superior con mayor susceptibilidad genética a engordar tendrían más «herramientas» para luchar contra esta predisposición de los genes”. FTO, el gen de la obesidad
El llamado FTO es el primer gen asociado consistentemente a la obesidad común
hallado en poblaciones caucásicas. Su descubrimiento sentó las bases de las corrientes que aseguraban la existencia de una relación directa entre sobrepeso y nuestro mapa de ADN.
Los resultados de aquel estudio demostraron una asociación clara entre la mutación
del gen FTO y el riesgo de desarrollar obesidad tras analizar el ADN de más de 37.000
europeos.
El efecto del gen es el mismo al margen de la edad o el sexo. "No es que la gente que porta esa variante del gen automáticamente desarrolle un sobrepeso, pero tienen más tendencia a comer más de la cuenta, lo que les pone en una situación vulnerable en una sociedad llena de tentaciones”, apunta la investigadora del CIBERobn.
No obstante, en este estudio se ha demostrado que el potente efecto de las tentaciones del gen lo podemos contrarrestar con un mayor nivel de estudios que a su vez está relacionado con un estilo de vida más saludable.
Educación, la mejor dieta
La obesidad es una enfermedad multifactorial cuya presencia, desarrollo y prevalencia
dependen de muchas y diversas causas. Razones de carácter genético y metabólico,
médicas o farmacológicas, psicológicas, ambientales o sociales.
Partiendo de esta afirmación, debemos saber que, tal y como asegura la Dra. Corella, “la estrategia más importante para prevenirla pasa por la modificación del estilo de vida desde edades tempranas; hábitos saludables que apuntan tanto a una alimentación sana y equilibrada, a la práctica de ejercicio físico, como a unos ritmos circadianos que aseguren un correcto balance energético. Se trata, por tanto, de disponer de una correcta educación alimentaria y nutricional, una de las muchas parcelas que componen la educación integral y que contribuye a la promoción de la salud”.
A menudo las personas con estudios están más capacitadas para cubrir mejor
sus necesidades nutricionales escogiendo alimentos saludables en detrimento de
aquellos que resultan perjudiciales para su salud.
Pero la obesidad y el sobrepeso no sólo se asocian a un bajo nivel educativo, sino
también, y de forma muy importante, a una clase social desfavorecida. Situación que
se traslada a la obesidad infantil, donde el impacto de determinados factores
socioeconómicos como la renta per cápita o el nivel educativo de los progenitores, es
determinante.
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- Etiquetas: obesidad, estudios, genoma, FTO




















