El agua Panna adquiere así una esencia y una entidad de memoria, de sueño de otras tierras, otros mundos y un silencio acogedor. De un sol que entra por las cortinas entreabiertas y lo matiza todo. No es sed: es poseer esa tierra y esos instantes de paz bucólica. Es beber para volver allí.
Es beber, agua, para recordar lo que nunca vivimos.
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