Una chica frágil que empuja una carga muy pesada cuesta arriba, ¿se prestará alguien a ayudarla? Un grupo de matones que bloquean el paso por un puente, ¿se atreverán los viandantes a pasar entre ellos? Carlsberg ha estado allí para mirar qué pasaba y celebrar con merecidas cervezas y brindis la amabilidad o la valentía de los participantes (sin saberlo).
La idea es interesante: merecerse una Carlsberg tras haber hecho lo correcto. Bien. Sin embargo, ¿es equiparable la amabilidad con el miedo? ¿Merece recompensa la temeridad?
Probablemente, las intenciones de los creadores de esta campaña eran excelentes, pero equiparar situaciones que nada tienen que ver entre sí le quita todo el valor a la propuesta.





















