Y eso es lo que refleja el spot que realizó Ogilvy con acierto. Del grito de gol al grito de independencia hay solo 200 años.
Porque tienen el mismo origen atávico, los dos gritos encajan a la perfección, aunque la épica de estos días se devalúe tras un juego de pelota.
Un ejercicio que da lugar a la reflexión, si se quiere, aunque toda conclusión termine totalmente edulcorada.
Sin duda uno de los mejores spots del bicentenario de los gritos de independencia.
¿Gritar para qué?
















