¿Quién dijo que el cariño verdadero ni se compra ni se vende? Ahí lo tienen, como argumento de venta de unas galletas, que nos devuelven a los desayunos o las meriendas de infancia, a esas galletas nada sofisticadas ni rellenas, ni fibradas ni multivitaminadas. Galletas básicas, como el amor de madre.
Destierren de su iconografía el biceps tatuado con un 'Amor de madre' y sustitúyanlo por la estampa de una galleta mojada en leche, porque eso es lo que este anuncio nos quiere contar. Y lo consigue. Buena idea.
















