El país realiza esta compra multitudinaria ya que necesita satisfacer la creciente demanda interna de leche y reformar su industria láctea, luego de que un escándalo de leche contaminada en 2008 provocara muertes, devastara la producción y generara desconfianza entre los consumidores, que optaron por la leche importada.
China apuesta por su industria y ha establecido metas de producción, creado incentivos tributarios y de otra índole para los productores lecheros y alentado a los inversionistas extranjeros para que aporten capital y tecnología. Al mismo tiempo, China compra vacas extranjeras de alta producción en cantidades enormes.
Desde 2009, China se ha convertido en el mayor comprador de vacas lecheras a nivel global, haciendo subir los precios de las terneras en todo el mundo y ejerciendo presión sobre otros mercados, como el de la alfalfa y el semen de toro.
Según la firma de investigación Global Trade Information Services, China ha importado cerca de 250.000 terneras, que son las vacas que aún no se han reproducido. El año pasado gastó más de US$ 250 millones en 100.000 ejemplares.
Los beneficiados con la millonaria transacción
Uruguay ha sido uno de los grandes beneficiarios. Cada productor recibe alrededor de US$800, frente a un precio inicial de US$400 en 2009, por cada vaca que sale del puerto de Montevideo, estima Alejo Guichón, director de la consultora uruguaya A&G, quien colaboró en la adaptación de los protocolos y condiciones comerciales para la exportación de vacas lecheras de Uruguay a China.
Uruguay también vende el alimento necesario para las vacas en los cerca de 40 días que dura el viaje. Esa comida se produce en Uruguay o, en caso de que haya escasez, en Argentina.
Pero a algunos agricultores de los países que exportan sus preciadas terneras les preocupa que en los próximos años China pudiera pasar de ser cliente a rival en el mercado mundial de la leche.
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