La historia se repite, un distribuidor ve cómo su negocio se va al traste debido a restricciones del mercado. Carlos Echavarría que desde finales de los 90 era distribuidor de Inca Kola en Argentina decide crear su propio producto en 2006 ante la imposibilidad de distribuir el refresco importado desde Perú.
La devaluación del peso argentino en 2002 fue una mala noticia en ese entonces, ya que significó el cese de la distribución. Pero Echavarría decidió crear su propia versión, la Chola de Oro.
Algunos podrán criticar la falta de creatividad, pero otros reconocen su valentía para entrar a producir un refresco, un negocio más difícil que la simple distribución.
En principio su mercado 'natural' eran los restaurantes peruanos en Buenos Aires a los que acudían sus compatriotas que habían llegado a Argentina como inmigrantes. Poco a poco ha ido extendiendo la distribución de su producto y ahora también se encuentra en Córdoba y La Plata tanto en restaurantes como en algunos autoservicios.
Poco a poco el gusto de esta nueva versión de la mítica Inca Kola ha ido ganando adeptos entre los propios argentinos impulsado por el éxito de la gastronomía peruana.
La Chola de Oro y su creador enfrenta grandes retos, como en su momento los enfrentaron los Añaños, Echavarría lo tiene incluso aún más difícil al no tener un mercado cautivo y enfrentarse a Coca-Cola, propietario ahora de Inca Kola, o incluso a Ajegroup que no tiene operaciones de producción en Argentina pero cuyos productos ya se importan.
Es pronto aventurar que esta es una nueva historia de éxito como la de los Añaños, que en su momento en Ayacucho también fue pronto e inimaginable concebir que una empresa de refrescos nacida en Latinoamérica le disputaría mercado a Coca-Cola y Pepsi en lugares tan lejanos como Asia.
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