Según la ley 108 del Código de Hammurabi, “si una tabernera no quiere recibir trigo como pago y exige dinero a cambio será condenada y se la arrojará al agua”.
En Babilonia mientras los hombres cazaban y luchaban en la guerra, las mujeres se dedicaban a la agricultura y a producir cerveza.
Como la mayoría de los gobernantes despóticos, Hammurabi tenía la grave paranoia de que sus súbditos estaban conspirando contra su autoridad.
Uno de los lugares de encuentro para los ciudadanos comunes y corrientes en Babilonia era la cervecería, por lo cual la ley 109 del Código de Hammurabi dice que “si un grupo de conspiradores se reúne en casa de una tabernera ésta será ejecutada en caso de que no los capture y los conduzca al palacio”.
El método de ejecución favorito consistía en ahogar a la culpable en un barril de su propia cerveza.
Ni las 'monjas' se salvaban
Con respecto a las monjas que eran conocidas como hermanas de Dios y de quienes se esperaba un comportamiento ejemplar dice la ley 110 del Código de Hammurabi: “si una monja que no viva en el claustro ha abierto una taberna o ha entrado a una para beber cerveza, será quemada por comportarse de una manera tan libertina”.
En Babilonia la ley les prohibía a las monjas no sólo beber cerveza en una taberna sino también convertirse en empresarias cerveceras.
La ley 111 del Código de Hammurabi dice que si una hostelera le suministra sesenta fanegas de cerveza a la ciudad, debe recibir cincuenta fanegas de maíz de la cosecha.

















