Francia espera que el impuesto a las bebidas endulzadas con azúcar recaude US$ 156 millones y fue presentado sin ningún rubor como parte de las medidas de austeridad promovidas por el gobierno francés para combatir la crisis de la deuda.
Este impuesto responde a la tendencia, perniciosa e infundada, a gravar aquellos alimentos y bebidas asociados con los malos hábitos alimenticios y con la obesidad.
En 2011 Hungría introdujo un impuesto sobre los bienes con alto contenido de grasas, azúcar y sal mientras que Dinamarca y otros países europeos han creado recientemente impuestos a los refrescos.
La industria se opone
Muchos fabricantes de bebidas se oponen a este impuesto porque consideran que es injusto y discriminatorio.
Coca-Cola Enterprises anunció que a manera de protesta contra este impuesto podría suspender su plan de invertir US$ 21,7 millones en una planta ubicada en el sur de Francia porque considera que la medida estigmatiza sus productos.
La industria ha venido reduciendo la cantidad de azúcar de sus productos desde hace casi una década, sin embargo, no se ha visto ninguna reducción en la tasa de obesidad, circunstancia que viene a reafirmar que es el estilo de vida sedentario el principal foco del problema.
Un impuesto malo para la salud
Sin duda una mayor presión fiscal no es la mejor receta para reactivar el consumo y la economía. Pero este impuesto también es pernicioso para la salud humana.
Algunos sociólogos creen que este tipo de impuestos trasladan un mensaje negativo de cara a los consumidores, que ven cómo se les releva de la responsabilidad de su salud y estilo de vida.
La experiencia demuestra que los impuestos a los refrescos reducen la ingesta de bebidas azucaradas, pero no la tasa de obesidad, que es el objetivo final. Es evidente que el problema no se enfrenta de forma global y por tanto imponer impuestos no es la solución.
Y cuanto más tiempo se tarde y se pierda en medidas fiscales contra la comida y los refrescos, más personas pensarán que su problema de obesidad es culpa de la industria y no de su estilo de vida. Lo que afecta de forma negativa a la rentabilidad de la industria y a la salud de los consumidores.






















