Este vínculo se extrajo de la investigación que se desarrolló en las Islas Faroe, una parte del mundo donde se come gran cantidad de productos marinos envasados y, por lo tanto, los niveles de exposición al PFC son elevados. El estudió se efectuó con 587 niños nacidos entre 1999 y 2002.
Cuando estos niños cumplieron los cinco y los siete años, los investigadores comprobaron su inmunidad al tétanos y a la difteria, adquirida mediante una vacuna, también examinaron los níveles de PFC presentes en sus madres.
Dado que las vacunas contra el tétanos y la difteria se aplican generalmente a los niños, el hallazgo de los investigadores los condujo a una amenaza latente para la salud pública. Allí donde hubo exposición al PFC, los anticuerpos de los sistemas inmunológicos se veían significativamente reducidos.
Exposición a los químicos de los envases
“La importancia clínica de nuestros hallazgos reside en que la exposición al PFC puede aumentar el riesgo de que un niño no esté protegido contra la difteria y el tétano, a pesar de una completa vacunación,” explicaron los investigadores acerca de su estudio sobre la exposición a los químicos de los envases, y añadieron que la caída de la inmunidad puede ser mucho mayor que lo descubierto hasta la fecha.
El PFC se encuentra en múltiples formatos: entre los más usados están el PFOA (Ácido Perfluorooctanoico), PFOS (Ácido Sulfónico de Perfluorooctano) y PFHxS (Perfluorohoxano sulfónico).
Éstos, según el equipo de investigación, se encuentran entre dentro de los “miles de aplicaciones importantes para la industria y el manufacturado y también en gran cantidad en los tensioactivos y en barreras y aislantes usados en envases de alimentos y el impregnado de textiles.”




















